lunes, 17 de noviembre de 2014

La televisión es inhumana

La televisión es uno de los medios de comunicación más extendidos en la actuliadad, y ya podemos consumir este medio masivo no sólo en el propio aparato televisor, si no también a través de Internet, e incluso de apps como Splive Tv que ofrecen la posibilidad de ver televisión prácticamente desde cualquier lugar y en cualquier momento desde nuestro dispositivo móvil Android. Pero...




¿Cómo que la televisión actual no es humana? ¿Quiénes la manejan entonces, los marcianos? Las etiquetas humano-inhumano me recuerdan a la distinción que existió entre la "cultura burguesa" y la "cultura proletaria", puro misticismo. El interés propio, las imágenes de terrorismo y telebasura (prefabricada [concursos, programas rosa] o revelada [informativos de noticias]), la guerra, la ignorancia y la manipulación son cosas muy, muy humanas, se dan en nuestra especie y se justifican en estructuras complejas. Para hacer un programa de farándula, por muy absurdo y tonto que nos pueda parecer, se necesita un plató, unos focos de nosecuantosmil vatios, sofisticado maquillaje para presentadores e invitados, un guión preparado, cámaras, satélites y otras instituciones, incluyendo las tecnológicamente avanzadas y propias sólo de una civilización. No es barbarie precisamente, no lo subestimemos por muy pesada que se ponga la Patiño. 

La publicidad que aparece en la televisión en forma de cuñas de segundos o incluso minutos de duración por supuesto que está planificada según cada empresa y sus agencias de publicistas, y lo más importante: del público de consumidores. Lógicamente está estudiado, la televisión tiene su cosmos ("orden") particular, con leyes según la cadena, etc. No van a dejarlo a la arbitrariedad o al caos porque hay unos horarios que seguir a rajatabla (excepto en casos de propaganda de Estado como Aló Presidente, que es indefinida en tiempo y contenido, aunque los fondos con ganado salgan siempre). En países como Cuba o Corea del Norte no hay comerciales pero sí muchísima propaganda estatal; los contenidos no pasan a ser "libres" sino a estar controlados por el Instituto Cubano de Radio y Televisión o el Ministerio de Propaganda coreano que muestran lo que convenga a los "valores nacionales".



O en la televisión iraní, que están todo el día recitando el Corán y luego carta de ajustes. Los norcoreanos escuchan canciones elogiando su régimen durante la jornada y de la visión de paisajes arquetípicos, fotoshopeados y de repetitivas fábricas de acero. Sin parar. Sin embargo, en las cadenas de los países capitalistas los programas están más regidos por la oferta y la demanda. Por eso pienso que no se trata de que "la televisión nos vuelva brutos", sino al revés: nosotros hacemos que la televisión sea así porque es lo que queremos ver. O al menos la mayoría de la masa. ¿Qué es lo más que pasan por la tele y habremos contemplado en un rápido zapping? Morbo, certámenes para ganar dinero, si fulanito tuvo relaciones con menganita, sensacionalismo barato o el chupacabras. ¿Qué le interesa a la gente de a pie? Seguramente todo eso. Por ello cuando una cadena estudia sus índices de audiencia y ve que la transmisión de "La vida secreta de Pablito el de los Palotes" tuvo a cuatro millones de televidentes enganchados (¡y las ganancias que conlleva eso en patentes publicitarias, proporcionales al número de tipos mirando su canal!) tenderá a reproducir ese paradigma ad aeternam, por los siglos de los siglos. 

Tenemos la televisión que nos merecemos, porque es nuestra (está creada a nuestra imagen y semejanza, si queremos usar una alegoría bíblica). En cambio a Chávez o a Kim Jong Il hay que tragárselo en pantalla sí o sí porque no depende de la audiencia. En su cadena nacional puede decir lo que quiera sin pensar si lo ven cientos de personas o tres gatos. Y todo con dinero público de todos los venezolanos o los tributos de los súbditos norcoreanos. Así, considero que para tener una televisión con más contenidos educativos, científicos, filosóficos y demás primero los individuos deberían interesarse por esas cosas tan de libros y gente "estudiada", que dirían en el campo. La educación puede ayudar, pero no creo que los políticos estén por la labor.

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