miércoles, 28 de noviembre de 2012

Aprender a comprender a mi pareja

En cada relación hay siempre momentos difíciles en los que uno o los dos sienten deseos de gritar: "Por amor de Dios, ¿es que tienes que hacer eso?". Cada ser humano posee su idiosincrasia específica y ninguna relación deja de verse influida al respecto. Para que en un hogar reinen la paz y la armonía han de acomodarse de alguna manera las preferencias individuales dado que tales hábitos peculiares constituyen, por lo general, una parte básica de la personalidad de cada ser humano. 



Tratar de cambiar los hábitos específicos o los gustos peculiares de alguien, afirmados mucho tiempo atrás (y quizás estimados), puede resultar desastroso. Existen varias maneras de hacer frente a las características peculiares de una persona. Algunas personas hablan demasiado, otras hablan poco y se pasan el día enviando mensajes movistar o en el Pc, a otras les gusta salir con sus amistades, otras no paran de ver la tv, todos tenemos nuestra forma de ser y hemos de saber respetar comprender la forma de ser de los demás.

En primer lugar es importante tolerar los defectos pequeños de la otra parte porque nadie es perfecto y cada uno tenemos costumbres y hábitos que, sin darnos cuenta, quizás irritan a nuestra pareja de vez en cuando. Pero si la causa de la irritación resulta verdaderamente indeseable, entonces es comprensible que se adopten las medidas adecuadas para tratar de privar de una vez por todas de un rasgo que no es, precisamente, atrayente. 

Ello, sin embargo, ofrece, frecuentemente, muchos problemas porque de manera básica suele ser muy difícil separar a una persona de sus viejos hábitos. Esto nos lleva a una solución ulterior que consiste en adaptarse al carácter de la otra persona. Finalmente vale la pena examinar atenta y largamente cualquier rasgo que te resulte molesto y preguntarse: "¿Tengo razón al sentirme así o me muestro intolerante respecto a los hábitos y costumbres de mi pareja?". Si la respuesta es esta última, entonces la mejor manera de abordar esta irritación consistirá en aprender a estimarla. Puede que parezca difícil, pero hay que tener en cuenta que no es culpa suya si ríe de una manera peculiar ni tampoco si se ruboriza o se muerde el labio inferior en el momento de la presentación de personas desconocidas. 

Para terminar, recomendaremos antes de nada, tener mucho tacto para referirse a los aspectos más irritantes de una persona porque a nadie le gusta que le digan verdades desagradables respecto a sí mismos. Digamos que es la vieja situación en la que el propio ego se siente herido y minado su estatus ante los demás.

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